2009/09/22

Diario de un viaje:Indonesia. Pagi Sulawesi

Hoy también llueve en Bilbao, y las gotas que resbalan por la ventana me hacen añorar mis vacaciones, este año en Indonesia, al otro lado del planeta, cerca, muy cerca de Australia, donde por cierto era invierno.

El mundo se ve diferente desde las alturas. Siempre me ha fascinado asomarme por la ventanilla del avión y ver desdibujarse poco a poco las siluetas del paisaje; aunque debo confesar que durante esos primeros minutos siento un vértigo paralizador que me corta el sentido; pero luego se me olvida, hasta que empiezan las primeras turbulencias, que no sé porqué extraña razón suele coincidir con el servicio de catering, por lo cual hay que hacer malabares para que nada se salga de su sitio, especialmente el café.

La primera isla que visitamos fue Sulawesi. En esta época del año es cuando rinden homenaje a los muertos, a quienes mantienen en una habitación de la casa, durante meses, hasta que la familia reúne el dinero suficiente para poder preparar los festejos. Así, durante varios días llevan en procesión al féretro entre bailes y cánticos; se recibe a los familiares y amigos que viven en otros lugares; se celebran peleas de búfalos; y, lo más sangriento, se realiza la matanza de éstos últimos, sin que los animales emitan sonido alguno. Una impactante vivencia llena de reminiscencias ancestrales que permanece todavía en la retina de mis ojos.

Los atardeceres entre arrozales de esta zona, Tana Toraja, son un maravilloso espectáculo en el que una cálida luz inunda los campos y toda la vida que en ellos se genera. En nuestros paseos, la gente que volvía de recoger arroz nos saludaba con una afable sonrisa llena de sinceridad, algunos que seguían trabajando en el arrozal nos observaban con curiosidad, varios hombres, acuclillados al borde de la carretera se dedicaban a esas horas a mimar y masajear a sus elegantes gallos; e incluso alguno daba un baño a su búfalo. Una ajetreada vida llena de serenidad.